“Ahí va el huaso”, gritan los oficinistas que sacan la vuelta, mientras los turistas lo observan preguntándose qué hace ese vaquero colorido que gira un pañuelo danzando con el infinito, zapateando sin detenerse. Entre el McDonald’s y el Pizza Hut. Entre los celulares y el miedo. Entre las encuestas tontas, las gelaterías de sabor ácido, los punks, las tiendas de DVD, los freaks de sábado en la mañana.
Es el Forrest Gump chileno que en vez de cruzar Norteamérica corriendo, decidió bailar en círculos sobre un punto imaginario. Pero aunque ahora todos usemos pañuelos desechables y nadie sepa bailar cueca, su danza es parte de nosotros. Porque como él, todos bailamos solos cada día. En medio de los colegios, las plazas, nuestras casas y trabajos. Sin pertenecer muy bien a ninguna parte.